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sábado, 13 de agosto de 2011

Nuestras raíces cristianas


El tercer elemento consitutivo de la civilización europea es el del Cristianismo. La revelación bíblica ha enriquecido a la civilización europea con dos elementos de capital importancia: el Monoteísmo y la concepción del hombre como imagen de Dios,y como tal, único, irrepetible, dotado de una dignidad inalienable".
El monoteísmo bíblico  implica que la naturaleza no sea Dios. Tanto en las raíces griegas y romanas de las que hablamos anteriormente en los dos últimos blogs, se poblaba el universo cultural con infinidad de dioses y diosas que no eran más que mitos que multiplicaban al infinito lo que parecía bueno, vgr., la sabiduría, la fuerza, el comercio, la guerra, la belleza, etc. Un efecto destructivo de esta divinización de la naturaleza era el dejarla intocable sin poder transformarla. Un gran efecto de la llegada del cristianismo fue el quitar las barreras viciosas de la naturaleza. Ésta se “desdiviniza” y así deduce el hombre que es libre frente a ella De aquí nace la ciencia y la técnica. Al mismo tiempo, si el hombre sabe por la revelación bíblica que ha sido constituido hijo de Dios, entonces es consciente de su gran dignidad, Dios se ocupa de cada hombre hasta elevarlo a esta altura.  El Cristianismo así se esparce por todas las demás culturas de los pueblos que posteriormente van llegando a constituir Europa y transforma en ellos los valores que éstos aportan.

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