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domingo, 14 de agosto de 2011

Checoeslovaquia


En tiempos del Comunismo la República Checa y la Eslovaca se encontraban unidas bajo el mismo Gobierno.  Entonces, en este país fue en donde, especialmente después de la llamada “Primavera de Praga”, se persiguió con más encono a los católicos, muchos de ellos estaban presos; su Cardenal, el cardenal Kore^c, obispo desde los 27 años, durante mucho tiempo estuvo detenido; cuando salió de la cárcel, casi hasta la caída del Comunismo tuvo que trabajar como un obrero más en diversas fábricas. El Papa le confió especialmente la Iglesia en esta nación, y dada la falta total de libertad religiosa, en plena clandestinidad tuvo que consagrar a varios obispos y muchos sacerdotes. En una entrevista con él me decía: “El Comunismo desde los años 50 trató de destruir la Iglesia  en Checoeslovaquia. Pero desde siempre la gente buscaba algo más que el pan material. El Comunismo nunca creó un nuevo hombre. El hombre era el mismo, pero consciente de su propio vacío: sin .conciencia y sin Dios. Aprendí que para hablar de Dios al hombre actual habría que hacerlo desde el encuentro con Jesucristo vivo en los Sacramentos. Así se clarifica al hombre de hoy el misterio de su existencia. La fe es un regalo. La fe en Cristo la debemos presentar no sólo con palabras sino con el amor que es el mejor instrumento del Evangelio”.                          

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