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miércoles, 3 de agosto de 2011

¿Es de niños e ignorantes andar en las procesiones?



Para evangelizar el día de hoy hay que darle toda su fuerza a nuestras devociones; esas que aprendimos en nuestras parroquias y en nuestras casas desde la tradición de nuestros padres y nuestros abuelos. Por supuesto que no hay que caer en supersticiones, pero sí debemos aprovechar la fuerza de la religiosidad popular. Por ejemplo, las grandes procesiones son una manera de decirle a las sectas que no somos una raza en extinción. Por otra parte hay que evitar una tentación hoy en día muy en boga, confundir el Cristianismo con una mera acción social: Un sacerdote de una Diócesis del Brasil decía:"No le doy los sacramentos a los pobres porque ellos son sacramento de Cristo; no se los doy a los ricos porque son indignos de ellos".
Amenaza hoy en día un ateísmo práctico como indiferencia, como ideología, también como hostilidad frente a la Iglesia. Se  acepta fácilmente  la religiosidad de las sectas con el pretexto de la tolerancia. La tolerancia se esgrime para todo menos para la Iglesia católica. La cultura es el proceso de crecimiento del hombre pues es la humanización de la naturaleza. Esta humanización es lo que hay que evangelizar; así el hombre crece en humanidad y en fe en Jesucristo internamente.

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