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miércoles, 20 de julio de 2011

¿Qué es la conciencia?


 La conciencia es el juicio subjetivo e interno de cada quien según el cual se juzga que algo conviene o no para llenar las necesidades que se experimentan.  Depende de la experiencia de tres factores: yo mismo, mi experiencia de necesidades y lo que encuentro para saciarlas. En cuanto al tiempo de tener esta conciencia se da en el momento de tener la experiencia, en su recuerdo y en su proyección al futuro. Funda una identidad entre los objetos satisfacientes y el sujeto.  Esta identidad se funda en la luz de los primeros principios: lo verdadero y  lo bueno. Se llama  "entendimiento de principios"; con relación a estos principios, y con relación a su desarrollo moral se llama "sindéresis". El hombre es libre por razón del conocimiento de estos principios y su operación, que depende en cada momento de la conciencia del hombre. La conciencia se esfuma en la medida que el objeto externo satisfaciente la avasalla y libremente no puede decidirse a la acción. Entonces el objeto se apodera del sujeto. A ello influye también en parte el dominio del inconsciente que cuando se da logra oscurecer la conciencia. Por lo que el hombre no siempre llega a una plena conciencia. La conciencia da la norma en el momento de hacer propio el objeto exterior captado como “mi bien”, pero esta luz que allí se irradia, no siempre se capta con la misma intensidad. La conciencia se forma por la captación continua de la verdad y del bien. La primera experiencia de la conciencia resulta por lo que se ha dado en llamar una intuición “de esencia” que se obtiene al captar los primeros principios: el de identidad y el de contradicción: “Lo que es, es”; “Algo no puede ser al mismo tiempo y no ser”. A la que se añade el aventurarse  a buscar lo que es verdadero y bueno para sí mismo. En esta aventura la respuesta del pensamiento cristiano es que encontrándose con “el corazón, la mente y el alma”  personalmente con Dios, en una absoluta entrega, se funda la solidez de la conciencia. La conciencia no es lo mismo que la verdad; puede equivocarse y se equivoca tantas veces al buscar satisfacientes a las necesidades del hombre que solamente respondan a una parte del mismo, por ejemplo a su sensibilidad en el placer, pero no a su integridad de alma y cuerpo. Por esto la conciencia se debe formar siempre a la luz de la ley natural y la ley divina que son los parámetros justos para verdaderamente satisfacer las necesidades integrales de la persona. La conciencia es el principio próximo de acción, y así, la conciencia bien informada se debe siempre seguir.
Por otros caminos se ha llegado a la llamada conciencia general de Kant, esto es, a la mera formalidad desde la opinión de las mayorías, afirmando que la mayoría crea la conciencia; o a la elevación de la conciencia a un nivel infinito en el Idealismo alemán en el Estado de Hegel, afirmando que es el Gobierno con sus leyes quien fija el contenido de la conciencia. O bien en  el pensamiento logístico o vitalista pragmático  en el que la conciencia se formaría según el principio absoluto de evitar siempre el dolor y buscar el placer según el binomio riesgo/beneficio.
Ahora se habla de la conciencia cuántica. Se afirma que la conciencia entra dentro de las realidades cuánticas. Se comporta como una manifestación de los procesos cuánticos de la materia. Se explica así por una superposición de estados, la no localización y el entrelazado de partículas. Desde estos conocimientos se dice que se pudiera llegar a formular  un concepto científico del alma. El gran error en estas teorías es no distinguir entre el instrumento material y el “motor” espiritual descrito arriba.

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