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miércoles, 20 de julio de 2011

La Conciencia en la Biblia


En el Antiguo Testamento no encontramos la palabra "conciencia", aunque sí su contenido que se describe como "riñones", "corazón". Significa la actitud frente a la Palabra de Dios, la acción conforme a su voluntad, el conocimiento del propio estado, el juicio de Dios. En el Nuevo Testamento tiene una importancia central, se describe con la palabra griega "syneídesis". Para San Pablo, en ella el cristiano se sabe llamado, requerido y juzgado por Dios, que le comunica el conocimiento de sus mandamientos y de su gracia (2Cor.1,12). Es la norma de conducta ante Dios (Ro.13,5), ya se trate de la buena o mala conciencia. La buena conciencia nos hace libres e independientes de los demás (Act.23,1; 1Cor.10,29...) En cuanto facultad humana no puede dar seguridad acerca del juicio de Dios (1Cor.4,4). transmite los mandamientos aun fuera de la Revelación como una ley dada por la naturaleza (Ro.2,15). Como conocimiento humano está vinculada al engaño, pero sigue siendo norma moral para el hombre (1Cor.8,7ss) En el cristiano actúa en el Espíritu Santo (Ro.9,1), en virtud de la fuerza de la Resurrección de Cristo (1Pt.3,21). Se purifica y perfecciona por la sangre de Cristo en el Espíritu Santo (Hb.9,9-14). En ella se revela apostólicamente la verdad (2Cor.4,2), se conservan puros los misterios de la fe (1Tim.3,9). Se intercambia con la fe "Pístis" (Ro.14,23).
Esta concepción de la conciencia va más allá de una mera filosofía. y engancha con la fe misma. Sin embargo, no hay que romper con la percepción del valor, si es que realmente se entiende el valor como satisfaciente de las necesidades humanas. En este sentido la conciencia es la brújula que marca el camino hacia la verdadera construcción del hombre, hacia su "yo mejor", que en último término es la divinización en Cristo, por su sangre redentora, llegando por el Espíritu Santo a la plenitud en la resurrección. Aquí entra el juicio de Dios, en el que Cristo afirma que no ha sido enviado para juzgar al mundo, sino para salvarlo, ya que sólo es juzgado quien no cree. Esto es, quien no hace caso de su conciencia divinizada.

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