domingo, 30 de octubre de 2011

¿Quién es Dios?

Dios ha sido entendido como el principio que explica la existencia del Universo.  Es un principio personal. Reviste diversas modalidades según las diversas religiones. El Dios revelado en la S. Escritura es alguien mayor que este principio: Dios es el Padre cuyo rostro es el Hijo por el Espíritu. Se conoce por las dos misiones o envíos del Hijo y del Espíritu: Es el Dios de la Pascua y del Espíritu; el Dios pascual y el Dios espiritual: Cristo y la Iglesia. Es el Dios de la Alianza. La Alianza lleva consigo tres elementos: la elección, el contrato y las promesas. En el Antiguo Testamento Dios no tiene ni rostro ni voz. Su voz es la de sus enviados. Su nombre, Iahvé, es el que es y el que será. En el Nuevo Testamento, tiene voz y rostro: es Jesús de Nazaret. En la Alianza del Nuevo Testamento Dios elige a toda la humanidad; en el Antiguo Testamento elige a un solo pueblo; el contrato del Antiguo Testamento exigía una conducta de fidelidad a las tablas de la ley. En el Nuevo Testamento el contrato exige el seguimiento de Cristo mediante la unión al Padre en plena solidaridad por el Espíritu, con la muerte y resurrección de Jesucristo. Las promesas en el Antiguo Testamento eran la venida del Mesìas; en el Nuevo Testamento, venido ya el Mesìas, sus promesas son nuestra resurrección. En resumen, Dios es el Padre, cuyo rostro es la Palabra, el Hijo; con Quien nos unimos por el Amor del Espíritu Santo.

jueves, 27 de octubre de 2011

La muerte de Cristo como oración

Jesús murió orando.
En la Última Cena Jesús había anticipado su muerte entregándose a sí mismo y distribuyéndose bajo las especies de pan y vino a sus discípulos., Transformó así su muerte en plena glorificación. Cuando muere en la cruz, recita una oración que es una parte de un Salmo, en este Salmo que recita, mediante esta plegaria integra su muerte en la Palabra, en el Verbo de Dios.  En este Salmo se predice que todos los pueblos se convertirán y que los pobres comerán y se saciarán. Se trata de una clara referencia a la Eucaristía. La muerte que es el fin de la comunicación se hace la máxima comunicación en la plegaria del Señor por el Amor del Espíritu Santo. Por el Amor del Espíritu el Señor resucitará, y así en la oración vence a la muerte.
En esta forma la oración de Cristo es lo máximo. Y es en esta oración en la que se vence a la muerte y se participa de la resurrección. Es esta oración en la que culmina la Encarnación. La Encarnación entonces se especifica por la oración de la muerte de Cristo, oración de filiación divina y de participación en esta filiación. Por eso la muerte de Cristo es llamada por San Juan en su Evangelio, “glorificación”. La muerte de Cristo adquiere así la plenitud de sentido; es la máxima donación, es la palabra última y plena del Amor. 

La oración

"Puesto que la oración es el centro de la persona de Jesús, la participación en la oración es necesaria para su verdadero conocimiento".
Ahora tratamos de la única puerta para entrar en el conocimiento de Cristo: la oración. La persona de Jesús es constituida por su relación con Dios Padre, y para captar esta relación sólo se puede hacer si se entra en esta misma relación mediante la oración. La relación de Cristo con Dios Padre es una relación de entrega total de Cristo como Dios y como hombre al Padre. Esta entrega total como Dios consiste en que todo el Verbo de Dios se entrega al Padre; y como hombre, la entrega total significa la entrega de Cristo hombre al Padre hasta la muerte. Esta doble entrega es la que constituye a Cristo como persona divino-humana. Por tanto para conocer a Cristo hay que entrar en el acto de entrega por el que es constituido como persona. Si no se entra en este acto de donación del Hijo de Dios al Padre no se sabe en absoluto quién es Jesucristo. Este acto de donación es un acto de participación en la oración de Jesús; es un acto de expropiación y de donación amorosa de parte de quien quiere conocer a Jesucristo. Es el “ojo del amor”, al decir de Ricardo de San Víctor.
Así pues, la relación trinitaria Padre-Hijo es de absoluta entrega. Así debe ser la oración para conocer al Verbo divino humano. El creyente deberá orar dentro de la oración del Verbo de Dios, como hijo de Dios en el Hijo de Dios. Así participa en la filiación divina; y esta participación es la única manera de conocer a Jesucristo. Conocer a Jesucristo consiste por lo tanto, en un ejercicio fundamental de oración.

martes, 25 de octubre de 2011

Las voluntades de Cristo

"Para percibir la unidad de la teología bíblica y la teología dogmática, de la teología y la vida religiosa ayuda mucho la teología llamada neo-calcedónica expresada por el Concilio Constantinopolitano III".
Para que no se forme un concepto de que Cristo tenga dos naturalezas paralelas, la divina y la humana, se debe siempre insistir en la unidad de ambas. Esto se facilita más al hablar de las voluntades en Cristo. Cristo tiene dos voluntades, la divina y la humana. Las dos voluntades se aúnan por la libertad, de manera que Cristo diga: "No he venido a cumplir mi voluntad sino la voluntad de Aquel que me envió". Aquí habla el Verbo de Dios, "el que ha venido", y habla de "su" voluntad. Esta voluntad que es la humana la afirma como la voluntad del Verbo de Dios que cumple la voluntad del Padre. La voluntad humana y la divina forman una íntima unidad por la libertad, unidad que entra dentro del ámbito de la unidad trinitaria (Jn.6,38). En el Huerto de los olivos, en su agonía, la voluntad humana de Cristo se integra a la voluntad divina y recibe su identidad en una donación del yo al tú divino, al Padre, que es pura relación y acto puro. En esta donación consiste la libertad. Así se deifica el hombre. Al participar de la libertad de Cristo, el hombre se deifica y libera. De esta manera se realiza el profundo cambio en el hombre y su plena dignidad. De hecho, por la voluntad libre se llega a la deificación. La Encarnación tiene lugar cuando la libertad humana une la voluntad humana a la divina. Así la divinización en nosotros consiste en libremente optar por hacer la voluntad de Dios.

lunes, 24 de octubre de 2011

Consubstancial

“El núcleo del dogma cristológico definido en los antiguos Concilios de la Iglesia es la enunciación de que Jesús es verdadero hijo de Dios, consubstancial con el Padre y con nosotros”.
El empleo en el “Credo” de la palabra “Consubstancial”, ha dado lugar a críticas que afirman que en la presentación de nuestra fe se han introducido formas que no pertenecen al Mensaje evangélico, sino que se han tomado de culturas ajenas, como ha sido en especial la cultura griega a inicios del Cristianismo, tanto es así, que se ha vuelto griego el Cristianismo. La fórmula que emplean estos críticos afirma que se ha “Helenizado” el Cristianismo.
Pero examinemos la palabra “Consubstancial”: La definición con que iniciamos este blog, “Jesús Hijo del Padre, “Consubstancial” al Padre y a nosotros”, no es más que la exposición de la vida y muerte de Jesús, radicada en el coloquio filial con el Padre. Se quiere decir en especial con "Consubstancial", que Cristo es de la misma substancia que el Padre y de la misma substancia que nosotros para salvarnos, que se toma en serio la afirmación de que Jesús es el Hijo de Dios, que el Verbo no miente y sí nos libera en su verdad. Es cierto que la palabra proviene de la filosofía griega, pero es muy adecuada para expresar lo que la fe nos dice, que Cristo es la verdad que nos salva y libera. Las expresiones de los primeros Concilios de la Iglesia como el de Éfeso, los de Nicea y Calcedonia, que se toman de la filosofía griega, no traicionan ni son distintas del lenguaje bíblico, sino que expresan en la cultura de la época la verdad de que Jesucristo es el Hijo de Dios.

El Iluminismo en los métodos histórico-críticos

Generalmente, los métodos histórico-críticos que se usan para llegar a la redacción original de los textos evangélicos, se basan en criterios tomados del Iluminismo.  El Iluminismo es una teoría filosófica que niega que Cristo sea Dios y por tanto que niega la fe; así es obvio que contradice la Hermenéutica o interpretación de la fe. Basados en este pensamiento filosófico, se nos presentan como originales diversos "Jesuses" sin conexión entre sí y todos meramente humanos: por ejemplo Jesús el doctor judío, Jesús apocalíptico, Jesús político, Jesús revolucionario, etc., pretendiendo que "su Jesús" es la única presentación válida de Jesucristo.
La Hermenéutica o interpretación de la fe, por el contrario, es unitiva, asume la unidad dentro de la diferencia de las fuentes y culturas desde la perspectiva del Verbo encarnado. Toma lo válido a lo que se llega por el método crítico-histórico y rechaza lo espurio. No niega las diferencias de las fuentes y culturas, sino que las supera integrándolas en una unidad superior: la del Verbo encarnado, en el que armoniosamente, en una persona, se unen la naturaleza humana y la divina.  
Superando las divisiones que despedazan al mundo y al hombre, entregándose y recibiéndose se enriquecen las culturas mutuamente por Cristo que se nos dio a sí mismo y en sí mismo nos dio toda la plenitud de Dios. En la única persona de Jesús que comprende la naturaleza divina y la humana, está la síntesis del hombre y el mundo. La proyección de la Encarnación, como criterio histórico y científico de integración y progreso, es el criterio válido de toda interpretación.

domingo, 23 de octubre de 2011

Método histórico crítico

(Nota bene: Los blogs siguientes que profundizan nuestros conocimientos sobre Cristo, tratan de seguir de cerca el pensamiento del Papa Benedicto XVI. Comienzan con un enunciado que después se busca explicar).

"El método histórico crítico – para comprender más ampliamente la persona de Cristo - como los demás métodos científicos nuevos son una gran ayuda para entender mejor el testimonio tanto de la S. Escritura como de la Tradición. Su valor, empero, depende del contexto hermenéutico en que se coloca".

Hay un interés por saber exactamente qué se escribió de Cristo hace dos mil años. Para esto se ha ideado el llamado método histórico crítico. Es un camino para investigar que querían decir los textos que se referían a Cristo, hace dos mil años. Se buscan todas las redacciones existentes de dichos textos (Códices, papiros, etc.); se ven si coinciden o no cuando tratan del mismo tema; en caso de que no coincidan, cuál sería el texto al que se debe dar mayor preferencia porque se acerque más al acontecimiento del que se trata.
Las dificultades desde el punto de vista de la fe en el empleo de estos métodos actuales no se originan por los métodos en sí mismos, sino por sus presupuestos filosóficos y metodológicos en que se basan: detrás de estos métodos se encuentran ideologías filosóficas en tal forma conectadas con dichos métodos, que les sirven de criterios. Esto es, por ejemplo, hablando negativamente, hay métodos según los cuales, si en un determinado texto se afirma claramente que Cristo es Dios, esa afirmación es falsa o adulterada pues debemos partir de que Cristo es sólo una persona muy especial, pero es absurdo que sea Dios. Los presupuestos filosóficos desde los cuales parte un determinado método, constituyen lo que en la afirmación inicial hemos tomado como contexto hermenéutico. No todos los contextos son falsos, hay contextos muy sanos, que ayudan mucho para entender mejor la figura de Jesucristo nuestro Señor.